lunes, 15 de junio de 2009

EL TREN DE POCOYO

Este fin de semana, nos paso muchas cosas pero la mayoría de ellas muy gratas.
Desde hace unas semanas eres una fans consumada de Pocoyo, papá te compró un video (debo confesar “pirata”) de la segunda temporada, el cual trae aproximadamente 10 capítulos. De esos 10 capítulos, tienes fijación por tres, Brilla Brilla, El Cumpleaños de Ballena y La Carrera, los que quieres verlos repetidamente (más de 10 veces). Pero he tomado una decisión unilateral, cada vez que quieras ver nuevamente un capítulo te tienes que acercar hacia mí, mirarme a los “ojos” y pedirme quiero ver (otra vez)……, por favor mamá”.

Pero no todo es fluido y fácil para ambas. Ya que muchas veces a ti se te enredan las palabras o yo no puedo atenderte con la inmediatez que tú exiges.
Pero hay un pacto tácito, sin vacilaciones ni concesiones: “solicitud verbal y mirando a los ojos”


El domingo te llevé a comprar, quería que escogieras algo para ti y en mi mente estaba comprarte algo relacionado con Pocoyo. Lo primero que viste fue a Efelante (el elefante de Winnie Poo), estaba dentro de la triada de las b (bueno, bonito y barato), pero pensé que como recién empezábamos la búsqueda no era conveniente comprar sin antes haber mirado otras cosas.

Al percatarte que el elefante no iba a ser tuyo, hiciste un amago de berrinche, te miré y te dije con tono serio si lloras, adiós juguetes, nos vamos para la casa. Lloraste un poquito más, pero aceptaste que caminará un poco más. Debo confesar que te llevaba en brazos ya que si te dejó caminar agarrarías todos los juguetes y esto podría ser el detonante de un berrinche mayor.
Llegamos a otra tienda de peluches y pregunte si había algo de Pocoyo, la vendedora sacó un muñequito de Pocoyo y otro de Eli (la elefanta) pero para mi sorpresa dijiste “no quiero, adiós”.

Seguí caminando y viste un trencito, pude apreciar que tus ojitos se iluminaron y me dijiste “quiero tren”, no te hice mayor caso y seguí mirando otros juguetes, pero tú me reiteraste “quiero tren, por favor, mamá.
Entonces te baje te miré y te pregunte: ¿quieres el efelante, el tren o pocoyo?, debo admitir hija, que esperé que repitieras la pregunta, como muchas veces lo has hecho, pero para mi sorpresa me dijiste: quiero tren.

Regresamos, le pedí a la vendedora que nos lo mostrará, me gusto porque tenia 03 vagones que eran como especie de corrales y en cada uno de ellos venían 02 animales. Después de transar en el precio y mientras la vendedora probaba el vagón principal se acercó un niñito de aproximadamente 02 años, al cual seguramente le llamó la atención el ruido del tren.

Cuando el niño quiso cogerlo, tú le diste un empujón que casi lo botas al suelo, tuve que llamarte la atención y disculparme con su papá.
A Dios gracias (para mí) el señor era un machista que lo único que atinó a decirle a su hijo cuando quiso llorar, la tan famosa frase “los hombres no lloran” Y a mi ni siquiera me dio cara. Me dejó con las disculpas en el aire. Pero esto me hizo reflexionar en la necesidad de estar más pendiente de tus arrebatos.
Sé que la causa es que tienes problemas para expresarte y es única manera que encuentras para manifestar: no lo toques es mío.

Sin otro contratiempo, retornamos a casa. Ya dentro del edificio, quisiste que te alzará, te dije que no era posible que estaba sosteniendo la caja del tren. Me quitaste la caja y me dijiste “bota bolsa”, ah muy bien te repetí lo bote y seguí caminando. No insististe pero para mi sorpresa tomaste la bolsa y lo empezaste a arrastrar (más que pesado era grande).

Ya en casa, dejé la caja sobre el sofá y me fui a la cocina, después de algunos minutos te acercaste y me dijiste abre caja, yo extendí la petición: Abre la caja para sacar el tren.
Te resististe, nuevamente me volviste a decir abre caja y yo te insiste a extender la expresión, así estuvimos 3 minutos, hasta que por fin lo hiciste, no con la perfección que deberías, pero di por válido el intento.

Saque los rieles, el vagón principal y los vagones remolque, hice el primer enganche y me puse a armar los rieles. Después pude apreciar que tú tratabas de realizar el enganche de los dos remolques restantes. Empezaste a gritar, tú poca tolerancia al fracaso afloró, pero era de esperarse hija tu motricidad todavía esta inmadura para realizar estas acciones, así que yo lo hice por ti, previamente te insistí. Si no puedes hacer algo dime: ayúdame por favor, mamá.

Una vez armado y funcionando, dabas gritos de alegría y te reías a carcajadas sobre todo cuando ponías tu pie sobre el riel y este se detenía.
Después me pediste que querías ver Pocoyó y allí pude verificar porque la preferencia por el tren. Es que Pocoyó tiene un tren.

El tren ha resultado ser un buen motivador, ya que como tiene algunos problemas de funcionamiento suele detenerse, entonces tú corres para enderezarlo. Cuando no consigues que el tren se enderece, empieza a emitir un sonido tan fuerte que no te queda otra alternativa que apagar el tren. Y cuando no logras apagarlo, vienes corriendo hacia mí y me dices, ayuda por favor, mamá
Como bien dice la propaganda: precio del tren US$ 9.00, precio de la batería US$ 4.00, tu alegría, tu conexión y tus palabras no tienen precio.

9 comentarios:

Laura Basualdo dijo...

jajajaa
Es totalmente cierto lo de la propaganda! HAY COSAS QUE EL DINERO NO PUEDEN COMPRAR!!!jajaja
Que bueno que le haya gustado tanto el trencito!Pocoyó es muy dulce!
Un beso grandote desde Buenos Aires!
Ahhh, me hiciste acordar, hay un blog informatica para niños especiales, y el otro dia subieron un libro para hablar de pocoyo.
Te dejo el link:
http://informaticaparaeducacionespecial.blogspot.com/2009/06/libros-para-hablar-pocoyo.html
Besos!!!

caro dijo...

hola rosio ellos siempre nos sorprenden nosotros esperamos lo mismo muchas veces y no ellos nos sorprenden con cosas lindas, besossssssssss

MamideGlori dijo...

Qué parecidas son nuestras hijas, tanto que a veces me sorprendo. Gloria adora Pocoyo, en el scribd hay alguna cosa de lectura con pictogramas con pocoyo, además del enlace que te ha dejado Laura. A Gloria le encanta.
En lenguaje estamos bastante parecidas, además de la frustración, los intentos de berrinches, el tener que llevarla en brazos más de lo adecuado... esta entrada podía haberla escrito yo. Es curioso el paralelismo entre ambas. Me siento muy identificada con muchas de las cosas que cuentas. Un beso enorme.

Kantu dijo...

Lau:
Gracias por el link. Lo voy a imprimir y seguro que le va a encantar.

Caro:
Si realmente estos niños nos sorprenden, sobre todo en cosas en que menos lo esperamos.

Eva:
Coincido contigo, nuestras hijas se parecen mucho. Eso lo comenté la otra vez que me entrevistaron para un video que estaba haciéndo alumnas del último año de una facultad de psicología.
Sabemos que nuestros niños son diferentes, pero haciéndo un paralelismo entre ambas definitivamente encuentro más similitudes que diferencias.

Muchas gracias a las tres por pasar por el blog.
Cariños,
Rosio

viviana dijo...

Me encantó lo que cuentas,........es tan lindo salir de compras con tus niños, uno por uno en mi caso, aunque ya no son tan niños, para todos y para todas las edades es magnífico acompañarlos.
Danko es el menos exigente, pero le damos opciones para que él escoja.

Besitos y hasta siempre,.........Vivi

Kantu dijo...

Hola Vivi:
Gracias por pasar por el blog.
Me imagino que por las edades de tus hijos debes tener todo tipo de anécdotas.
Cariños,
Rosio

Kantu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mama de patu dijo...

que lindo paseo ,me alegra que tenga gustos y los defienda, espero que juegue mucho y que sea muy feliz con el. besos silvia de niños especiales ayudemoslos.

Kantu dijo...

Mama de Patu:
Muchas gracias por pasar por mi blog.
Conoci a Patu, "virtualmente" y realmente es todo un luchador.
Cariños,
Rosio